Cuando hablamos de medicina estética lo primero que pasa por nuestra cabeza es -el resultado-, de echo el mayor miedo que tiene la gente cuando está pensando en someterse a un tratamiento medico estético es la posibilidad de un resultado que no deseaba.

Para obtener el resultado deseado hay tres variables que conviene tener muy en cuenta:

El primero es la formación y especialización del profesional que va a realizar el tratamiento. No menos importante es la experiencia que tenga en su especialización. 

El segundo es la calidad de los productos que se emplean. Esto es muy importante. Los laboratorios están dedicados plenamente a investigar nuevos compuestos y una realidad es que cuanto más novedosos son, más naturales y mejores resultados obtenemos. Trabajar con los mejores laboratorios es una de las cosas que he tenido clara desde el primer momento que empecé a formarme, asistir a congresos y conocer de primera mano el trabajo que llevan a cabo. Y es que además es muy notable la diferencia al aplicar el producto.

Y la tercera variable que muchos dejáis de lado, es la importancia de aplicar la dosis correcta. 

La dosis es la cantidad de producto que hay que administrar para producir el efecto deseado. Es la cantidad que se administra en una sola vez. Hay que tener presente la importancia de realizar un diagnostico en el que determinemos la dosis necesaria para el paciente. En función de lo que queramos conseguir variará el total de dosis.

Hay muchos tratamientos en los que aplicando una sola dosis conseguimos un buen resultado, pero no el mejor. Por ello es importante que el paciente esté de acuerdo y confíe en la evaluación que realiza el especialista.

La pregunta que os lanzo para que entendáis que quiero decir es la siguiente:

Si acudís a un centro de medicina estética a que os realicen un tratamiento para mejorar los labios…

¿Queréis que os pongan labios? O ¿Queréis lucir unos labios bonitos, jugosos, hidratados y compensados? 

¡En estas tres variables estará la diferencia! 

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